23 de diciembre de 2009

DE UN DÍA RECUPERADO Y UNA NOCHE BUENA

Las ocho de la mañana se fugaban de los níveos trapos que emblanquecían de nuevo la ciudad. Le resultó ya pesada tanta nieve. Al regreso a casa, bien entrada la noche, nada hacía suponer este amanecer. Al fin vislumbró el edificio de laboreo. Oscuro, ni una luz encendida. Alguien se habría dormido, seguro que todos los compañeros serían animada charla a buen refugio. No, cuando llegó no había nadie. Nadie ante la puerta principal, un refugio, cerrada a cal y canto; nadie en el patio de aparcamiento, blanca alfombra inmaculada aún. Ni una sola luz en el interior. Fue aquí dónde le atacó la duda. Donde se preguntó, cuánto había bebido después de la cena, qué había cenado, si había notado que algo, sólido o líquido, le hubiese sentado mal, o no bien del todo. No, nada, todo controlado en la memorística reconstrucción de los hechos. ¿Habría no obstante dormido todo el día 23 y sería ésta la mañana del 24, ya día vacacional? Se asustó ante tal posibilidad, y huyó del temor volviendo sobre sus pasos, sin saber hacia dónde. Un poco atemorizado se decidió por fin a llamar por teléfono al compañero de labores, humores y sinsabores: ¿dónde estás?, ¿qué pasa, no hay nadie aquí? En el café, se nos olvidó que hoy se entra más tarde. Sintió un gran consuelo. No tardó en reírse de su susto con el compañero. Decidió que este día recuperado no se lo regalaría a nadie, a nadie le daría el poder de entristecérselo, menos aún de amargárselo. Lo recuerda todo de nuevo, ahora, a la noche. Y la convierte ciertamente en una noche buena.
Y nuevamente también, vuelve a darse la razón, no puede ser bueno salir de casa tan temprano. Madrugar sí, pero salir a otra cosa que no sea contemplar el amanecer es cosa que debería ser prohibida. Se sonríe, piensa en la cara de algún biempensante. Le da a publicar entrada. Mañana, sí madrugará; mañana, sí contemplará el amanecer. Si para de nevar, claro, si no, lo intuirá. Buena noche, noche buena.