24 de diciembre de 2009

ECUMÉNICA, CATÓLICA ENTRADA

No me mueve a esta entrada el artificioso espíritu navideño. Es ambiente que no frecuento, ni practico. Al fin y al cabo navidad o viernes de dolorosa pasión, puede ser cualquier día. Todos tenemos, casi sin duda, experiencias que nos muestran que la anterior frase es una obviedad, por más que no la tengamos presente de continuo. El olvido, la memoria, por fortuna, es balanza que nos ayuda a equilibrar y bien administrar el aguante de la experiencia y la realidad.

Digamos que me mueve la caridad, el amor, la segunda parte del enunciado de lo que en la religión cristiana la define -amar al prójimo como a nosotros mismos-, lo cual viene a despenalizar, o debería escribir despecalizar, el amor propio, la autoestima, esa base indispensable para amar -como bien dice Vicente Verdú- el egoísmo, único ismo que lleva al altruismo.

Pero no lo hace porque yo me levantase esta mañana dispuesto a ocupar mi contemplación del amanecer en cavilaciones sobre el amor, propio o a terceros, sino porque, cumplido el primer propósito, al entrar en la red a ojear los habituales periódicos me encontré con el hermoso artículo Porque Dios es poesía en la cual se cree, de don Enrique Miret Magdalena, que reproduce El País. Lo considero regalo ecuménico, católico, humano, de corazón a corazón, del buen y comprometido don Enrique, y aquí lo comparto mientras reconsidero la vieja máxima de que pasamos los hombres y permanecen nuestros actos, lo que somos.