Ya va para dos años que Marcos Ana con su Decidme cómo es un árbol me había urgido un lunes, prisa milagrosa y por mi desconocida, y apenas unos días que su presencia el pasado día 11 en el stand 160, Librería Blanco, de la Feria del Libro de Madrid, me hizo resistir los rigurosos y capitalinos calores y acudir, bien es cierto que refrescado de Sorolla y en inmejorable compañía, a la búsqueda de su mirada, del placer que tengo, atesoro, en ciertas dedicatorias, como ésta que dice: Para Juan Campal, con toda fraternidad, este libro que es un homenaje a la dignidad de nuestra lucha. Abrazos.Uno, después de leerle, y más después de verle, de enfrentarle la mirada, de sentir su bondad cercana, no puede menos que seguir creyendo que, si nos pareciésemos un poco a él, bien podrían hacerse realidad esos versos de una de las versiones de La Internacional que dicen: la Tierra será el paraíso / patria de la humanidad.
Y ahora, carteros, profesores, estudiantes, amas de casa, médicos, químicos, premios Nobel y otros muchos venimos siguiendo a la Universidad de Granada en su propuesta, apoyada en 23 razones, una por cada año de cárcel sufrido por Marcos Ana. para que se le conceda el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia.
Y ahora, aquí vamos creciendo como la yerba nueva, en silencio, una a una, cada una plena de esperanza. Somos a esta hora en que escribo, 11,41, 2818 las personas que hemos estampado la firma. Puede parecer curiosa y confusa esta mezcolanza de solicitantes, mas no es ridícula esta mezcla, es admirada, reconocedora, agradecida. Magistrados, informáticos, psicólogos, taquilleras, jubilados, comadronas vemos en Marcos Ana un vivo ejemplo de la concordia que tanto precisamos. Por eso nada tiene de extraña esta humana coincidencia, esta concitación en torno a la persona de Marcos Ana, de su ejemplo, de su bonhomía, este reclamar para él el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia.
Pero, sin duda, mejor que yo se lo hacen saber el propio José Saramago o Nativel Preciado o estos recuerdos que le dedica el poeta argentino Ramón de Almagro.
Pero ya saben, como siempre, allá cual consigo mismo, allá cada cual con los demás. Si se anima, aquí tiene dónde sumarse a esta propuesta, dónde reclamar su Príncipe de la Concordia.



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