27 de junio de 2009

¡Gracias don Victoriano! ¡Gracias Crémer!

Bocamar amaneció hermoso de sol. Pronto comenzó a tirar a nublado. Se volvió sin voluntad tormentoso. Descargó el primer rayo, la mala nueva, a las 10,31 en forma de mensaje chimpotrónico, llegó el trueno de igual manera a las 11,02: Murió Crémer.
Se lo fui a contar a la mar. Y como siempre me ensoñó. ¿Murió don Victoriano Crémer? Yo creo que no. Yo más bien creo que se ha acercado lentamente a felicitar al que dicen celestial portero, Pedro. Incluso quizás, por qué no, a ajustarle alguna cuenta, a discutirle alguna verdad establecida, a restregarle siglos de ausencias u omisiones. No me cabe otra explicación, no puede esta ciudad, esta provincia, el universo todo de la palabra escrita penetrar de pleno en el invierno que supondrá su ausencia, recién estrenado el estío.

Quién se atreve a pensar lo qué serán nuestros días sin esos rayos de su luz crítica; qué nuestras calles sin su demorada y firme presencia; qué de algún café que otro.

Se nos quedó un café pendiente D. Victoriano. Un café y el rendirle la gratitud por su resistencia. Aquella que le pedía, a través de un pequeño artículo ¡Resiste Cremer! en El Mundo - La Crónica de León, el 18 de Diciembre de 2006, con motivo de su centenario y en el que le decía:
"don Victoriano Crémer, ese Crémer que siempre hemos tenido en nuestro favor, ese de los balones de oxigeno, en medio de tanto ahogo mediocre, que son sus Crémer contra Crémer.
Nos ha llegado a los cien este resistente de la gloriosa España, este guerrillero del libre espíritu, sólo armado de palabras. Este canta verdades que dice no oír y se esconde tras el periódico cada día a la hora del café mañanero. Para mí que es pose. Que lo que le pasa es que tiene todo tan visto y oído que es todo funcional, libertario. Pero no es solo por los cien años por lo que don Victoriano es de lo que no hay, sino porque ha sabido poco de conveniencias, no se ha tragado sapos y como gran maestro que es, con la diestra y por la natural, que es de izquierda, se ha toreado creo que hasta a sí mismo. Somos nuestros peores morlacos. No te libramos, Victoriano. Hacerlo sería perderte, perdernos. Y como para pérdidas y silencios está la cosa. ¡Resiste Crémer!"

No le hablaré aquí de la mezquindad de alguno por reconocer un valor, ¡y centenario!, en otro periódico de la ciudad. Tan sólo le rendiré mi gratitud por esta adenda de resistencia que nos ha brindado. Gratitud en y desde mi mente y mi corazón.

No voy a hacerle el panegírico D. Victoriano, descuide. Ni procuraré una necrológica brillante. Más doctos y pertinentes los hay para ello. Ahora que ni encender el audífono ante algo de interés le será necesario; ¿recuerda? Sí, subíamos por la calle de la Misericordia, con destino a una reunión de un jurado de un certamen de cuentos. A media calle, y deteniéndose, me dijo -repite eso que has dicho-. Así lo hice, quizás incluso intentando mejorar el breve y último argumento. -Parece interesante -me dijo-, espera que enciendo el aparato. Yo me reí de mi mismo para los adentros y aprendí cómo no es el tiempo cosa a regalar y cómo uno bien puede oír muchas cosas y seleccionar sólo las interesantes como dignas de ser escuchadas.
Por eso ahora, repito, que ni encender el audífono le será preciso quiero decirle D. Victoriano que ya no será igual pasar por delante de su casa, o por delante de algunos de sus habituales cafés, -cómo echo de menos los cafés en el Milán-, con la esperanza de un fortuito encuentro. Que ya no será igual el Diario de León sin sus Crémer contra Crémer, esos artículos que ayudaban a comprender mejor, más humorística y críticamente, esta ciudad, esta provincia, la cosa autonómica y la patria toda.

Siempre me quedará pendiente el último café con usted, D. Victoriano, pero también como inigualable sustituto del mismo me daré a releer su a máquina escrito Escribir en España con que tan generosamente colaboró en los Cuadernos de la Babilonia de la Universidad de León. Siempre me quedará, don Victoriano, su mejor memoria, el afecto siempre recibido de su parte, las miradas de complicidad y. cómo no, la humana presencia, su humana presencia, la de su obra.
Adiós don Victoriano, que la eternidad le sea leve y resistible.

1 comentarios:

AlbertoJJMM dijo...

Muy buenas, Don Juan.
A mí también me quedó pendiente un café en Río. Tuve el inmenso placer de tomar uno hace un año con don Victoriano, y comprobar su lucidez, la compleja elaboración de su discurso y su humor. Quedé de volver, pero me quedaré también con las ganas. Ya no tendremos ocasión de hablar con todo el siglo XX, y lo lamento.
Desde entonces he pensando que aquel hombre merecía un gran documental, un testimonio en primera persona, una película... Algo.

Pero es León.


Así que en Paz descanse. Yo seguiré buscando su "Libro de San Marcos".

Un saludo.