Me preguntó un buen amigo, y en consecuencia conocedor de mis debilidades: cómo es que últimamente escribo u opino menos de política, si me he alejado de ella; cómo que a estas bajuras de campaña electoral aún no he dicho ni pío; si no he ejercido ya mi derecho al voto por correo como es mi costumbre para no dejar de santificar los días de asueto, por más que jornada electoral acojan, si es que me voy a abstener. ¿Dije me preguntó un buen amigo? Corrijo, ahora que lo veo escrito, me interrogó un abusador de confianzas. Me acogí a la encomienda de una urgencia y prometíle respuesta por este medio. Aquí está el pago de la deuda, no sea que me proteste el silencio.
No, no me hallo alejado de la política. Es cosa imposible. Puede uno, siempre hay necios, darle la espalda y sentirse de ella ajeno. Puro delirio. Mas ella, la política, esa omnipresente realidad, te acompañará y hasta velará tu sueño o te provocará un desvelo. Cómo alejarme de lo que es arte de gobernar, de lo que aún a mi disgusto gobierna tantos aspectos de la vida mía. Ni por ser ella arte, ni por hacerme a mí objeto, sujeto, de sus acciones, se me ocurriría tal desvarío. Hállome alejado, por propia voluntad y prescripción facultativa, de los políticos. La cosa gástrica, ya saben.
A nivel local por incredulidad de mi exagerada credulidad. Vamos, que me repite el gato aderezado con productos del lugar que me comí por liebre; así que, de momento, silencio total, a no ser, obviamente, que el gato se haga sapo y de los intragables, como muestras tenemos y hemos tenido.
Por lo regional, y dado que no soy dado al victimismo ni mantego empeño alguno en retrotraerme a viejos reinos, es decir, a viejas servidumbres, pues como que bis bis al estribillo que se ponía en las coplas de antiguo: silencio total, a no ser, obviamente, que el gato se haga sapo y de los intragables, como muestras tenemos y hemos tenido. Aunque también, por cierto ser, como que estos me saben menos mal por esperados, pues en quien detenta la gobernación de la región no deposité nunca esperanza alguna, con lo que en nada me defrauda, ya que casi todo hacer y no hacer lo tenía registrado a titulo de inventario. Por gato lo tenía y bastante me es con cuidarme de sus arañazos. Un ten con ten, vamos.
En lo nacional, con perdón, o estatal, elijase al gusto, mucha comprensión y un cierto desespero. No todo de mi gusto, sí algunas cosas de mi disgusto e incluso de mi enfado. ¿No nos merecemos algo más y mejor que esto? Hablo del gobierno, del de España, del mío, que a él contribuí. De la oposición, mayoritaria, por supuesto, y del poder fanático, perdón, quería decir fáctico de la cruz a hacienda, que no a cuestas, mejor ni tocarlo, son de lamento, me darían infernales ardores al momento y para nada son la solución que, en mi necesidad de esperanza, espero.
Por lo tanto, digamos que no me ha alejado de la política, sino que, disminuida mi capacidad de intelección a los políticos, uno está en un prevengan; aunque más que resignado a un firme, presto a un paso ligero; con cabeza, y corazón, dispuesto al progreso y a la democracia, pero, como siempre, a mi aire.
Pues no, ya ven, a estas bajas alturas de campaña electoral, me ha sido de todo punto imposible sentirme representado por alguno de los partidos que en proporción a su representación ocupan de continuo el teatro, nunca mejor dicho, de la campaña electoral. Veo a ambos, PSOE y PP, PP y PSOE, tan dispuestos a la nacionalización de lo que debería ser, eso creo, así me va, como para no ser agnóstico de todo, una campaña centrada en Europa y no en las miserias nacionales, cosas únicas estas en que, por otra parte, ambos partidos parecen consensuados a la nacionalización. La campaña de ambos, y no vale aducir que si no fuera por el otro la cosa sería de otra manera, me parece cuando no una absoluta falta de respeto al conjunto de la ciudadanía, un insulto a la inteligencia de la misma. Si a esto le sumo la memoria que mantengo de mi escrito a todos los eurodiputados españoles cuando el asalto de la directiva de las 65 horas, y que tan sólo se dignaron contestar a este humilde votante los señores Méndez de Vigo, Iñigo, del PP y Hammerstein, David, de Los Verdes /ALE. De 52 eurodiputados, dos se dignaron contestarme. Todo un orgasmo representativo.
Claro, cuando los señores del PSOE y del PP tuvieron a bien consensuar, como hacen entre un 70 y un 90% de las veces, la directiva de Retorno de Inmigrantes, ya ni les escribí, con un metafórico corte de manga me di por autosatisfecho. Y es que en este sangrante caso, como en tantos otros, a uno le vino a la cabeza aquello de Bulwer-Lytton de "es difícil decir quien hace el mayor daño: los enemigos con sus peores intenciones o los amigos con las mejores".
Total, que cansado de oír y ver demagogias de vario tamaño y orientación, con el denominador común de la falta de originalidad y un raca-raca-raca que ya cansa venga de donde venga, me entregué a ese vicio solitario que practico casi co
nvulsivamente: la lectura. Y me di a la misma del programa de UPyD (también hay versión reducida) porque sí tienen representación parlamentaria nacional y no tenían voz en los medios públicos. ¡Oigan!... Y lo entendí. Lo que son las cosas. Además, después de tanta sorpresa política por estos lares, como para que en estas elecciones europeas uno prefiere lo conocido, candidatos y militantes, de UPyD que más sorpresas sorpresivas y sorprendentes.
Así que ya ves amigo, no me quedaré en casa, vendré temprano de tras los montes, ejerceré mi derecho al voto, me gusta tener todo el derecho a la crítica, y votaré por UPyD, por Paco Sosa, con Graciano, con Savater, con Rosa Diaz, por ese aire nuevo. Qué menos en esta primavera, es todo tan caduco, tan visto.
Ahora dirán. Qué digan, tienen derecho. Lo harán por la espalda, no hay problema, para decirlo a la cara, hace falta tener algo más que derecho. Servidor, incluso con sus malos vientos, intentará seguir marcando su propio rumbo.



3 comentarios:
tanto texto es infumable.
resume un poco y deja de poner tanta sarta de bobadas.
No me trato con anónimos, veneciano mío. Pero si te has quedado feliz, ya algo es algo.
Juan
¿Dije veneciano? Perdón, quise decir castellano y leones mío. Y digo yo, porque habiendo nombres tan bonitos, Juan por ejemplo, ampararse tras anónimo IP 88.23.173.249. Jamás lo entenderé, qué gustos.
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